Durante este período se produce
una importante
inversión y expansión tecnológica
tanto a nivel empresarial como a nivel personal, y la informática, vinculada
con las comunicaciones, comienza a ser un medio y forma de trabajar
para la población con mayor calificación.
A nivel
empresarial se produce una inversión masiva en infraestructuras de comunicaciones e
información, lo
que ha permitido la expansión comercial y la globalización del mercado
de capitales. Se produce un crecimiento de las industrias de alta
tecnología, como microelectrónica, microinformática y telecomunicaciones,
lo que ha contribuido a que el sector el sector financiero adquiera
una dimensión mundial.
La competitividad se ha convertido
en el objetivo
de la actividad empresarial,
y su logro depende de variables, algunas de las cuales son ajenas
al propio sistema productivo, como la posición de la economía nacional
dentro del conjunto mundial, la competitividad de la política económica
y monetaria de cada estado, y la interdependencia entre economía,
mercado de capital y política monetaria, pero otras, como el cambio
de la cultura empresarial tradicional, a una nueva cultura digital,
dependen totalmente, de la visión y proyección de los
empresarios.