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Ejercicios
La
empresa es el cliente.
El
ingeniero argentino Jorge Kawaguchi necesitaba reflexionar sobre
su compañía. Aunque su consultora para el sector
energético Tecna lleva 30 años en el mercado y ya
alcanza ventas sobre los US$ 200 millones con operaciones en siete
países, algo le hacía falta. "La empresa ha
crecido mucho: ha duplicado su personal en los últimos
años", dice. Esto le hizo pensar en buscar cómo
reconectarse con los conceptos fundamentales de la administración
de empresas, pero sin distraerse de su firma. "No necesitaba
un título, pero quería una instancia en la que pudiera
volver a pensar en mi negocio y, por qué no, quizá
también redefinirlo", señala.
Fue así como Kawaguchi decidió ingresar el Programa
de Desarrollo Ejecutivo que la escuela de negocios española
ESADE ofrece en alianza con la Universidad Católica de
Córdoba, en Buenos Aires. Junto a otros ejecutivos, Kawaguchi
integra la primera camada de alumnos de este centro creado para
impartir este tipo de programas, donde, más que nutrirse
de teorías que ya conocieron en sus licenciaturas o posgrados,
los ejecutivos actualizan sus conocimientos y reflexionan sobre
su experiencia con compañeros de trabajo o con colegas
de otras firmas.
Algunos programas pueden ser especialmente diseñados para
una compañía. Los llamados cerrados. En otros casos
son programas para una industria o para una especialidad determinada.
En atención a la gran cantidad de formatos, así
como a las especiales características del know-how que
las escuelas requieren para el desarrollo de estos cursos –por
cierto, muy diferente del enfoque más académico
de posgrados como los MBA–, AméricaEconomía
presenta su primer Ranking de Educación Ejecutiva. Al igual
que el Ranking de Escuelas de Negocios, el objetivo de esta investigación
es promover la transparencia para ayudar a nuestros lectores y
sus empresas a elegir los mejores programas e incentivar la competencia
de las escuelas en este segmento, que, para muchos, es el gran
negocio de las escuelas de negocios.
Las expectativas que estos programas generan son muy altas. En
una encuesta realizada en una muestra de empresas que han contratado
estos cursos (ver metodología encuestas en pág.
53), el 90% calificó a la Educación Ejecutiva como
"Muy necesaria, estratégica para el negocio"
(ver gráfico). Tanto, que en muchas ocasiones las empresas
desean mantener en secreto su realización, ya que pueden
influir sobre la estrategia, la estructura y el desarrollo organizacional,
incluso forzando la llegada o salida de ejecutivos.
De acuerdo con nuestra metodología, el primer lugar lo
obtuvo la escuela de negocios de la Universidad de Stanford. A
diferencia del Ranking de las Mejores Escuelas de Negocios latinoamericanas,
la incorporación de escuelas foráneas en el Ranking
de Educación Ejecutiva no sólo se fundamenta en
la mayor flexibilidad de estos programas debido a su menor duración.
También es respuesta a los paradigmas de negocios globales,
donde la competitividad empresarial debe estar a tono con la capacitación
y puesta al día de sus ejecutivos. La exigencia mínima
para participar en el ranking es que estas escuelas hayan desarrollado
programas cerrados para empresas con operaciones en América
Latina.
El segundo lugar del Ranking lo ostenta otro extranjero: el español
IESE. De la mano de sus escuelas asociadas en América Latina
–el IAE en Argentina y el IPADE en México, entre
otros–, el IESE tiene una de las redes empresariales más
poderosas en la región. Mientras Stanford es una de las
líderes mundiales en innovación –sus programas
tienen como "profesores" a ejecutivos al estilo Andy
Grove, uno de los fundadores de Intel, u otros próceres
de Silicon Valley–, muchos de los programas del IESE son
requisito de promoción para ejecutivos de diversas empresas.
Algunos hasta tienen ejecutivos en lista de espera para ingresar.
Le
sigue la catalana ESADE, la que vislumbra una auspiciosa posición
competitiva gracias a su centro de educación ejecutiva
en Buenos Aires, el primero de estas características en
América Latina.
Canchas distintas
La primera latinoamericana del ranking aparece en el cuarto lugar:
Fundación Dom Cabral (FDC), de Brasil. Desde Belo Horizonte,
se lleva grandes clientes brasileños, y también
a multinacionales, como Adams-Cadbury, e imparte programas con
escuelas como la estadounidense Kellogg, la francesa INSEAD y
el London Business School.
En el quinto puesto, otro latino: el argentino IAE, que no sólo
aprovecha el integrar la red del IESE.
También ha desarrollado una extensa red empresarial de
ex alumnos en toda América Latina. Gracias a la devaluación,
sus ingresos provenientes de otros países de la región
pasaron del 5% en 2001 al 25% en la actualidad, cuenta orgulloso
Jorge Basaldúa, director de desarrollo de esta escuela.
Su área de Educación Ejecutiva cuenta con clientes
como la petrolera Exxon y tiene a Guillermo D’Andrea, uno
de sus profesores, en el directorio de Coca-Cola y a cargo de
la estrategia de marketing global de esta multinacional.
¿Algún hallazgo interesante hasta el momento? Ninguna
de las escuelas que tradicionalmente lideran los Rankings de MBA
aparecen en los primeros lugares en Educación Ejecutiva.
Es el llamado trade off académico. Y es que en este segmento
la competencia es mucho más exigente y utiliza armas muy
distintas a los que conllevan un grado. Las escuelas buscan atender
a las empresas donde sea que éstas se encuentren, posibilitando
el ingreso de poderosos jugadores globales, como en el mundo corporativo.
No es casual que la tendencia mundial más marcada en el
mercado de la Educación Ejecutiva se incline hacia los
programas cerrados o a la medida. "El que mejor conoce su
realidad es la propia empresa", dice Paulo Figueiredo, gerente
de proyectos de FDC. Considerando que uno de sus objetivos básicos
es la modificación del comportamiento de los ejecutivos,
los programas cerrados aparecen como la alternativa más
efectiva para la empresa. Casos como el de la brasileña
Bunge, muy activa en el campo internacional, así lo demuestran:
actualmente se encuentra desarrollando un programa de liderazgo
a nivel global con FDC, para alinear estratégicamente a
la compañía.
Pero para quienes son fuertes en la cancha de los MBA, el desarrollo
de programas a la medida es altamente costoso: a veces deben invertir
hasta tres meses sólo en el diseño de los programas,
sin contar con la implementación, y sin tener al cliente
asegurado.
La clave para el éxito de las escuelas y la satisfacción
de las empresas se encuentra en tres aspectos fundamentales. Primero,
la dotación de "recursos expertos" de la escuela.
Segundo, la metodología e innovación desarrollada
en los programas, que es donde surge con mayor fuerza la veta
consultora de los profesores, tanto en diagnóstico, formatos
de programas e incluso diseño de cursos para organizaciones
no tradicionales de negocios. Y tercero, que efectivamente exista
una filosofía de servicio al cliente, muchas veces difícil
de encontrar entre académicos "puros".
Por eso, no cualquier profesor puede hacer clases en este tipo
de programas. En general, se exige una experiencia mayor (entre
15 y 20 años, y que incluya el desempeño de un cargo
ejecutivo importante en forma exitosa), e ir mucho más
allá de la teoría. Más aún, a veces
más que profesores se requiere de "facili-tadores"
del aprendizaje práctico. "Teoría no conectada
con la realidad no sirve", dice Mónica Sacristán,
directora de Extensión Universitaria de la mexicana ITAM.
"En este negocio tú eres un obrero, estás para
limpiar la alfombra", sentencia Rafael Carrasco, director
del Centro de Formación Gerencial de la chilena Universidad
Adolfo Ibáñez, en el noveno puesto del Ranking.
"La tradicional soberbia académica de las universidades
no sirve de nada".
No por nada, muchas veces los directores académicos de
los programas cerrados son expertos en la industria de la compañía,
sin que necesariamente tengan un posgrado. Incluso es muy común
que los ejecutivos de más alto nivel de las propias empresas
también hagan clases a sus subordinados.
En el caso de los programas de alta dirección –dirigidos
a dueños, presidentes o directores de empresas–,
la dinámica se orienta a compartir experiencias y a la
construcción de redes. Una de las escuelas más vanguardistas
de la región en este sentido es FDC, que, a través
de su programa Parceiros para a excelência, incluso hace
intercambio de gerentes entre compañías de tamaño
pequeño y mediano.
Inversión, ¿y con retorno?
Junto con la preocupación por la metodología para
el diseño de los programas, medir el retorno sobre inversión
es una de las principales inquietudes de las escuelas de negocios
que compiten en Educación Ejecutiva. De hecho, University
Consortium –la entidad internacional que aglutina a las
escuelas que imparten estos cursos– está desarrollando
dos proyectos de investigación respectivamente en cada
área. No obstante, no existe una manera estandarizada de
medir el retorno, por lo que las escuelas han optado por incluir
en su oferta proyectos con objetivos muy acotados en términos
de ahorros o incluso de creación de nuevas unidades de
negocios.
Los mejores programas de Educación Ejecutiva –o sea,
los que pueden generar el mayor valor para las
empresas– son aquellos en que las escuelas de negocios logran
establecer una relación de intimidad con los ejecutivos.
Una de las experiencias más interesantes al respecto es
la del Diplomado de Habilidades Directivas (DHD), del Departamento
de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, escuela
en el puesto 16 del Ranking. Desarrollado en forma abierta o cerrada,
este curso ofrece una de las más completas síntesis
teórico-prácticas de management y su objetivo es
que los ejecutivos primero logren una transformación personal
y luego como equipos de trabajo. En una tesis de alumnos de ingeniería,
por ejemplo, se logró demostrar que, por influencia de
este diplomado, una empresa había logrado ahorros de US$
1,5 millón.
Dependiendo de la sofisticación metodológica de
la escuela y de su compromiso con la empresa, el programa también
puede implicar el monitoreo del cumplimiento de estos objetivos
y el desarrollo de nuevos programas. "Tenemos que ser muy
creativos", dice Roy Zúñiga, decano asociado
de programas ejecutivos de la costarricense INCAE. "Acorde
con la industria en la que está la empresa, se desarrolla
alguna forma de medir la rentabilidad". Sin embargo, no hay
una respuesta definitiva. "Más que una rentabilidad,
lo que hay es un enorme costo de no invertir en Educación
Ejecutiva", dice Erick Weber, director del área de
Educacción Ejecutiva del español IESE. "Es
como la mantención de una planta: en época de vacas
flacas puedes ahorrar en esto y la planta puede seguir funcionando,
pero cuando el mercado se recupere, quizá ya no le podrás
seguir el paso".
A medida que América Latina y sus empresas se sigan globalizando,
la necesidad de contar con soluciones de Educación Ejecutiva
de calidad mundial se seguirá profundizando e intensificando.
"Para las empresas chinas todo el desarrollo pasa por la
formación en todos los niveles. Éste será
el pasaporte de los 500 millones de trabajadores chinos que actualmente
están en el sector agropecuario, y que buscarán
pasar a los sectores productivo y de servicios, lo cual generará
una enorme demanda de capacitación", vaticina Erick
Weber, cuya escuela, por cierto, ya está desarrollando
programas en este país.
En tierras latinoamericanas la dinámica del negocio no
ha sido mala. En los últimos cinco años hay algunas
escuelas de negocios cuyas facturaciones en el área de
Educación Ejecutiva han crecido a una tasa promedio de
25% anual. No obstante, aún se requiere más inversión
en capital humano, que es el que tiene el mayor potencial de agregar
valor en nuestras economías. Las principales escuelas de
negocios latinoamericanas y, por cierto, también las que
no son de la región, intentarán aumentar su tajada
en estos mercados, lo cual presagia un fuerte proceso de internacionalización
de la oferta, donde las multinacionales y las empresas multilatinas
más competitivas serán las joyas de la corona.
Las 10 Claves
1
Lo importante está en la práctica, no en la teoría:
busque escuelas de negocios enfocadas en el servicio al cliente,
ojalá con áreas especializadas en Educación
Ejecutiva. ¡Los académicos no siempre son la mejor
contraparte!
2 Tenga claras sus necesidades y objetivos: por ejemplo, clarifique
si quiere repensar la estrategia de la empresa, necesita una transformación
de la organización, o sólo alinearla. Esto determinará
el nivel gerencial que requiere capacitar.
3 Un programa no lo hace todo: el nivel del equipo gerencial,
el compromiso de la empresa con el desarrollo organizacional,
la masa crítica de ejecutivos que pasen por los programas
y la duración de éstos son críticos para
lograr resultados.
4 Considere la madurez de su empresa: antes de pensar si su compañía
requiere cursos abiertos o cerrados o si Ud. va a hacer o no un
programa, es fundamental establecer el nivel de desarrollo de
su empresa en el tema de RR.HH. No hay mucho que decir si en su
empresa ni siquiera existe un plan estratégico de RR.HH.
5
Evalúe el expertise de las escuelas en Educación
Ejecutiva: el prestigio académico no siempre se condice
con el know-how en esta práctica, que muchas veces colinda
con la consultoría. A ciertos niveles de calidad académica,
las escuelas con las mejores maestrías no son las mejores
en Educación Ejecutiva.6 Compruebe el valor agregado por
la escuela: pregunte, por ejemplo, para qué tipo de empresas
la escuela ha diseñado cursos a la medida, o cuál
es la demanda de sus cursos abiertos más exitosos. Las
multinacionales y multilatinas, y también la alta dirección,
tienden a ser más exigentes. Averigüe por cuánto
tiempo se han mantenido estas relaciones y si la escuela ha hecho
cursos en su industria.
7 Evalúe los "recursos expertos" de la escuela:
no se trata del académico tradicional que solamente tiene
un Ph.D. Pregunte si la escuela cuenta con profesores que hagan
investigación relevante sobre su industria y que al mismo
tiempo tengan experiencia ejecutiva o al menos de consultoría
en ésta. A veces las escuelas incluyen ejecutivos retirados
con amplia trayectoria en importantes y exitosas empresas.
8 Exija una metodología clara: esto es lo que marca la
diferencia en el diseño de los cursos a la medida, la verdadera
prueba de fuego para las escuelas en Educación Ejecutiva
y que, junto con los "recursos expertos", justifica
el precio. Esto incluye desde el diagnóstico de la necesidad,
hasta el monitoreo del cumplimiento de los objetivos propuestos
por la escuela. ¡Exija flexibilidad e innovación!
9 Mida el Retorno sobre la Inversión: aunque no hay una
forma objetiva de medirlo, sí puede justificar el costo
alternativo de invertir en tecnología u otros factores,
y el tiempo empleado por los ejecutivos en los programas. Así,
puede incluir proyectos de mejora empresarial, creación
de nuevos negocios, u objetivos de cambio de conducta en los cursos,
y monitorearlos periódicamente.
10 Enfóquese en el potencial transformacional: más
que una transacción entre profesor y alumno –que
cualquiera puede suplir con disciplina y un buen libro–,
el mayor potencial de la Educación Ejecutiva está
en el poder que tiene para modificar la conducta de los ejecutivos.
Pero no espere resultados inmediatos. Esto puede demorar varios
años y el paso de toda la plana ejecutiva por un buen programa.
Baje
el Ranking de Educación Ejecutiva 2004, en PDF